20/12/15

ATORAMIENTOS

Edward Pinilla
Todas las personas sin distingo de ninguna consideración, clase, sexo, política, religión, etc; tenemos momentos de atoramiento en la vida. Parece ser una condición especial que nos obliga a tomar medidas para establecer cambios, si realmente deseamos que sucedan.

En esta vida estamos destinados a asumir dos roles: o somos parte del problema, o somos parte de la solución. En consecuencia por cada papel interpretado adquirimos la información necesaria. Acumulamos estupidez o sabiduría. Al ser parte de los problemas y adquirir estupidez, repetimos una y otra vez los hechos, lamentándonos, quejándonos, discutiendo, distanciando, eludiendo o acusando. Por el contrario, al ser solucionadores y aprender de los hechos, adquiriendo de ellos la sabiduría necesaria para seguir, alcanzamos lentamente la maestría para enseñar a otros a superar los obstáculos para evitarles caer en el papel de víctimas.

Estar atorado, es quedarse inmóvil ante una situación que requiera tomar una decisión rápida. El atoramiento causa decepción. Podemos atorarnos al tomar una decisión difícil de revertir, como una mala elección de pareja, una carrera con la que siente incómodo, un trabajo en el que no se sienta a gusto y otras situaciones más que seguro a usted y a mí, nos ha pasado.

Nos atoramos en la vida, generalmente por las malas decisiones, muchas veces tomadas al azar por emociones pasajeras que creímos eran las más adecuadas. Tengamos presente que en la vida humana operan las mismas reglas que operan en toda la naturaleza. El campesino para poder ver su cosecha, debe esperar por lo menos entre uno o dos años, a veces más. En ese tiempo, debe podar la maleza alrededor de las plantas, debe regarlas con agua y nutrientes, y luego sentarse a esperar con paciencia. Eso se llama la ley del dar y recibir. Todo lo que das recibes. El campesino sabe que si lo hace bien, recogerá buenos frutos, de lo contrario, la naturaleza le dará frutos malos.

En la vida sucede lo mismo, de acuerdo a lo que das a los demás, eso mismo recibes. ¿Qué podrá esperar de la vida, una persona que trata mal a otras, que es malhumorada,  difícil de tratar,  negativa, avara y egoísta? ¿Qué podrá esperar un joven que protesta por todo, que es reactivo, criticón y que arma escándalos a su paso? ¿Qué podrá esperar de la vida, el hombre que se la pasa ebrio todos los fines de semana, que tiene  varias parejas y es inestable? ¿Qué cosecha podrá recoger, la mujer que prefiere la calle, las amigas  y otros placeres, a la vida de hogar? ¿Qué podrá recoger, la persona que malgasta el dinero, que humilla a otros por sus posesiones y que se cree superior en todo?

El atoramiento sucede cuando el ser humano es guiado por su ego. Cuando esto es así, no se ven otras cosas más allá de las posesiones propias, y se establecen relaciones de poder. Negocian con otras a cambio de obtener unas ganancias sin importar que los demás deban perder, solo importan los intereses propios. Para ellas, la vida se sintetiza a lo meramente material.

Estar atorado no es malo, por el contrario, es un estado que permite y exige mirar hacia otro lado diferente. Cuando estás en el atoramiento, es el momento en el que se cuestiona la vida personal, se analizan los actos y se antepone una mirada crítica a uno mismo. Es allí, cuando activamos la inteligencia espiritual y empezamos a descubrir los secretos del mundo interior.

Dentro de ti, está oculto un secreto que sólo podrás descubrir cuando desnudez tu interior.
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