22/7/12

PROSPERIDAD ESPIRITUAL


Por: Edward Pinilla
La vida está compuesta por dos caminos. El primero llamado fracaso y el segundo éxito. Fracasar es un proceso muy sencillo, sólo requiere seguir tres pasos. Nunca intentarlo, paralizarse y abandonar.
Para alcanzar éxito, se requiere de varias etapas, las cuales deben ir acompañadas del desarrollo de la inteligencia espiritual. Triunfar sin fe, es casi imposible, sobre todo porque la fe es creación. Lo primero que hacen los triunfadores, es llenar sus alforjas de abundante fe, de riqueza espiritual, ellos entienden que para atravesar el recorrido que les llevará a cumplir sus metas, es necesaria la presencia de Dios en su corazón, luego se lanzan seguros, decididos a conquistar los retos que les espera.
Para los ganadores, la palabra imposible no existe en su vocabulario. Para ellos, algo deja de ser imposible cuando alguien lo logra. Estos imposibles, son reflejos de una mente  cerrada y limitada, que se deja llevar por sus miedos. Claro, los ganadores, también sienten miedo, la diferencia con los perdedores reside en que ellos, los ganadores, no se paralizan, por el contrario, ejercitan su memoria con pensamientos positivos, igual que el atleta ejercita sus músculos para mejorar su marca.
Los ganadores, también pierden, a veces, hasta llegan a la quiebra económica, sólo por alcanzar su independencia financiera. Ellos, no culpan de sus desgracias a Dios, como lo haría un fracasado, saben que es parte del proceso de  búsqueda de la “mina de oro ilimitada”.
Conversando con uno de estos ganadores,   Alberto Rueda, un importante empresario del turismo de Bucaramanga, me hablaba acerca de esto. Para él, triunfar sin perder, no es ganar. Entre los años 80 y 90, Alberto, fundador y propietario de la agencia de viajes Otur, vio caer su economía en tres oportunidades. Completamente en la ruina financiera, con sus arcas en rojo, con deudas por encima de las 200 millones de pesos, emergió de entre las cenizas como el ave fénix, sólo por la presencia de Dios en su corazón. La vida probó tan fuertemente a este hombre de negocios, que tuvo que levantarse de entre el polvo, no sólo económicamente, sino que además debió superar hace 23 años la pérdida de su hija mayor, y seguir adelante.
Alberto aprendió la importancia de la gratitud en la vida, esto es parte de su proceso. Cada mañana al levantarse, sus primeras palabras son de agradecimiento a Dios por una oportunidad más de vida. “Vida” parece ser la palabra que rige a este hombre. Por eso en homenaje a su hija fallecida que vive en su corazón, llamó a su parcela en la Mesa de los Santos “Villa Liliana”, donde enseña a turistas y visitantes la importancia de la vida, y la fortaleza espiritual, como elemento necesario para el desarrollo personal.
Alberto, cómo otros triunfadores más en Bucaramanga, entendieron que la vida es como una plastilina. Tú mismo, moldeas la forma que quieres para ella, no lo dejas a expensas del azar, tú eres el creador, pero para ello, requieres de metas, lanzarse tras su conquista y disponerse a pagar el precio que la vida te exigirá por eso que se desea.
Un ganador define exactamente qué es lo que quiere, Alberto se definió por el turismo y lo logró. Un ganador,  da gracias a Dios por esa idea, la pone en sus manos, y emprende la marcha, dispuesto sin rendirse en su conquista. Se llena de optimismo y aplica disciplina. Practica el éxito todos los días. Esto requiere de constancia, persistencia y amor por lo que hace.
Adicionalmente, un triunfador debe disponerse a remover creencias, sobre todo si éstas  obstruyen su camino. Las creencias son maneras como interpretamos la realidad, éstas definen su enfoque mental. Existen tres verdades, la suya, la mía y la verdad acordada.
Lo más valioso que un ganador debe portar es su humildad. Ésta se adquiere con el desarrollo de la inteligencia espiritual y le permitirá disfrutar el proceso de su éxito.
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