30/4/15

EL GOBIERNO DEL EGO

Edward Pinilla
400 años antes de Cristo, Lao Tsé, recomendó la práctica de 4 grandes virtudes. La primera “la veneración por cualquier tipo de vida” que se manifiesta en el respeto a los demás, la segunda “la sinceridad” que se manifiesta en la franqueza, la tercera la dulzura” cuya manifestación es la bondad, y la cuarta virtud “el dar apoyo” su manifestación es el servicio que se debe dar a las demás personas.

EL EGO, te hace sentir que tienes la razón en todo lo que haces y dices. Él, que es una parte de ti, te hace parecer que todo está bien, y que si las cosas no se hacen así, definitivamente están mal hechas. Se compone de un conjunto de creencias, que en la mayoría de los casos, lo hemos heredado de nuestros padres o familia, y de la información suministrada por las experiencias vividas. Un ejemplo de ello podría ser cuando una mujer que ha sido engañada, afirma “el que se enamora pierde”, es su ego asumiendo una posición de defensa, que envía información a su cerebro y  sistema nervioso, para evitar que esa situación vuelva a repetirse.

El ego se manifiesta de varias maneras. Una de ellas es que hace pensar que “sólo eres el resultado de lo que tienes”, de esta manera, manipula a la persona, haciéndole creer que su valor social, se determina por las posesiones. Cuánto más  poseas, más valioso serás.

Otra característica, es que hace creer que se es lo que se hace. Si eres el mejor y el número uno, dentro de lo que haces, eres más valioso para los demás, de lo contrario serás rechazado. Esto no debe confundirse con la planificación de la vida. No es malo sobresalir, ser el mejor es bueno, siempre y cuando nunca olvides que estás allí para servir y mejorar la calidad de vida de otras personas.

También, el ego engaña algunas veces, haciendo creer, que eres el resultado de lo que otros piensan de ti. Si tú reputación es buena, eres una persona valiosa, de lo contrario, no cabes dentro de ciertos círculos sociales. La inteligencia humana, no se hereda, no se relaciona con la genética, todos los seres humanos nacimos con la misma capacidad, la clave está en desarrollarla, ejercitarla para evolucionar.

Al ego, esa  parte de ti que le encanta ser independiente, manipuladora, egoísta, selectiva y materialista, no le gusta perder. Cuando algo no sale como se tenía previsto, o no se esperaba, empieza la crisis, que en general, suele manifestarse en tristeza, depresión, soledad, decaimiento y otras emociones que suelen conducir a enfermedades, esto se llama conflicto.

Estos conflictos con uno mismo, se presentan generalmente cuando existe apego. Esta sujeción a las cosas materiales o a las personas, son manifestaciones de falta de conocimiento de sí mismo y de la carencia del entendimiento del propósito, lo que se conoce como “dharma”, es el objetivo de la existencia, la función que corresponde a cada ser humano dentro de esta experiencia personal de vida.

Cuando esto pasa, se decae el entusiasmo. Y, a falta de entusiasmo, la vida se descompone y se pierde el sentido, la razón para vivir.

Entusiasmo, proviene de la raíz griega “entheos”  que significa que se lleva un dios adentro. Si comprendes la existencia de Dios dentro de ti,  tienes entusiasmo, eso te da la fuerza y la capacidad para asimilar que todo lo que hagas tiene la inspiración y la fuerza divina. 

En el momento que reconoces que eres parte de una inteligencia superior, que vive dentro de ti, entras en sincronía y comienzas a sentir la revelación de la intencionalidad de tú vida. Estas aquí para algo muy grande. Es, en ese momento en que el ego deja de ser el amo de tú vida, ahora confías en ti y por lo tanto confías en la fuente de tú creación, a quien llamamos Dios.


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