13/11/15

EL ARTE DE AGRADAR A LOS DEMÁS




Edward Pinilla

La regla máxima en  las relaciones interpersonales es: “trata a los demás como quisieran que te trataran”. Al ponerla en práctica de toda relación humana, los resultados son satisfactorios.

Paradójicamente en casi todas las relaciones, las personas tratamos de discriminar a los demás, clasificándolos en tres categorías. Inferiores, iguales y superiores, generalmente se da esta discriminación en los lugares de trabajo. 

Si usted quiere éxito de verdad, aprenda a tratar a todos por igual. Benjamín franklin solía decir,  “todo ser humano es superior a mí en algo, y en ese algo, aprenderé de él”. La discriminación es una forma de lucir el ego, hay quienes para destacarse ante otros, exponen sus egotecas, como si eso les hiciera superiores. Usted puede ser muy bueno en lo que aprendió y en aquello en lo cual se desempeña hoy, pero, otro cercano a usted, incluso su mecánico, su empleada doméstica, su manicurista o hasta el señor que le lustra su calzado, lo superan en eso que ellos saben, usted tal vez no podría hacerlo mejor que ellos, si lo intentara.

La ignorancia es de tres tipos, somos ignorantes naturales, supinos e invencibles. La primera hace referencia a eso que mencionaba antes, no tenemos por qué saber todo, sería casi imposible. En mi caso no tengo porque saber como se hace una operación de corazón abierto, mi profesión es otra muy distinta, soy en ese caso – ignorante natural. Sin embargo, estoy en la obligación de conocer todo lo relacionado con la comunicación, las relaciones interpersonales, la superación personal y el desarrollo humano, si lo desconociera sería un ignorante supino. Es decir, en este sentido, estamos obligados a conocer todo aquello en lo que nos desempeñamos. Y, la ignorancia invencible, se refiere a aquellos a los cuales les cuesta adquirir conocimiento por diversas razones.

La empatía es una de las habilidades que todo buen comunicador debe desarrollar, esta se logra cuando conseguimos ponernos en los zapatos de otros. Antes de emitir juicios sobre alguna persona, póngase en su lugar para entender como actuaría usted si fuera él o ella en ese caso. Cuando alcanzamos empatía, las relaciones fluyen de manera libre y espontanea, sin tropiezos para ninguna de las partes. Lo que sucede en la mayoría de relaciones, es que siempre tratamos de sacar partido a nuestro favor y por eso, difícilmente llegamos a un acuerdo.

Cuando se desarrolla la empatía, la actitud hacía la otra persona cambia, nuestro tono y aun las palabras usadas en la comunicación son diferentes, pues actuamos con deferencia hacía esa otro humano. Con la empatía es cuando verdaderamente aplicamos la estrategia “ganar – ganar”, cuando esto sucede, pensamos en el otro como alguien que se va a beneficiar con migo y yo me beneficiaré de él o ella, así sea solamente por amistad.

Al momento de interactuar con alguien que vamos a conocer por primera vez, tómese un tiempo para PLANEAR. De esta manera evitará que haya improvisaciones durante la conversación. Esto le permitirá, averiguar datos sobre su vida, gustos, detalles que le servirán para evitar pasar por engreído, insolente o a lo mejor para no abrir su boca de manera inapropiada diciendo cosas fuera de sentido o que puedan resultar insultantes para su interlocutor.

En las relaciones humanas, tenemos que tener claro lo trascendente que es hacer sentir a los demás importantes. Quien se siente así por que usted se lo hizo saber, responderá de la misma forma. Es el principio del espejo, nos reflejamos en los demás. Tenga cuidado de adular, se hace esto cuando se elogia a la persona usando adjetivos. El hacer sentir importante se hace sobre los hechos, no sobre las personas. La adulación es para aquellos que quieren dádivas o usan la estrategia “ganar – perder”, carecen de empatía.

Y, como dijo, Lao Tse, “uno es el amo de su silencio, pero es el esclavo de sus palabras”. Escuche y hable solo lo apropiado.
3175206658 – 3007359666

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