13/11/15

TEMOR AL CAMBIO

Edward Pinilla
El 10 de marzo de 1981, Morris Goodman, un exitoso vendedor de seguros en  Estados Unidos, sufrió un accidente aéreo que lo dejó casi muerto. Los médicos pronosticaron que jamás volvería a caminar, a respirar sin ayuda artificial, a comer normalmente y a hablar. Los órganos y huesos encargados de estas habilidades, estaban lesionados.

Pese a las opiniones científicas, Morris se planteó varias metas. Respirar, hablar y finalmente salir caminando del hospital. Ocho meses más tarde,   “el hombre milagro” como se le conoce, logró su hazaña al cumplir todo lo que se propuso en su lecho de enfermo.

Morris entendió algo que algunas personas desconocen y que la ciencia ha probado. “El cerebro humano no es capaz de diferenciar las experiencias reales de las imaginarias”. De tal forma que si te das una orden interna, y te la crees, termina siendo real para él, que simplemente ejecuta. Si afirmas con tal seguridad que es imposible curar una enfermedad, ten la seguridad que nunca lo lograrás. Lo mismo sucede para todo tipo de situaciones que la vida nos presente.

Los chinos definen la palabra crisis como una etapa de cambios. Para ellos, las crisis tienen dos repercusiones, o es una amenaza o es una oportunidad.

De acuerdo a estudios hechos, los seres humanos tenemos tres momentos de crisis en nuestra vida. La primera de ellas, se presenta en la adolescencia, una etapa en la cual la anatomía  comienza a cambiar, produciendo una metamorfosis a nivel emocional y mental. Los jóvenes se revelan contra todo, y el ego empieza a tomar el control, contrariando y controvirtiendo todo a su alrededor.

El segundo momento de crisis personal, aparece entre los 30 y 35 años. Si en esa edad, las cosas no están claras para la persona, y si no se ha llegado a un nivel de madurez sólido, las emociones hacen de las suyas, introduciendo al individuo en las consciencias del ego individual o del ego grupal. Es en este período de la vida, cuando se produce el mayor número de divorcios y colapsos económicos individuales.

El tercer período de dificultad, aparece entre los 50 y 60 años de edad. Aquí la persona empieza a evaluarse. Si hizo bien las cosas y  cumplió lo que se propuso  hacer en su plan de vida, estableció  buenas relaciones con su pareja, hijos, familiares, amigos y sociedad en general, y, además tiene clara su relación con Dios, controlará estos cambios, pero si por el contrario, perdió el tiempo, aparece la depresión y con ella la decadencia, que pueden llevar al suicidio.

Hilary Hinton Ziglar, más conocido como, Zig Ziglar,  un destacado líder motivacional norteamericano, escribió, entre varias de sus frases favoritas “tú estás donde estás y eres lo que eres, por lo que está pasando en tú mente. Tú puedes cambiar  lo que eres, cambiando tú forma de pensar. Estás en el lugar a donde te han llevado tus pensamientos e irás a donde tus pensamientos te lleven”.

Los seres humanos tenemos una variedad de riqueza interior, que de empezar a redescubrirnos, no nos alcanzaría esta vida para hallar todo lo que hay. En su creación, Dios dotó al ser humano de todas las herramientas necesarias para llegar hasta donde quiera hacerlo. Sin embargo, las personas, hemos limitado ese poder interno, por nuestra manera de pensar.

José Dorancel Giraldo, a quien considero mi maestro y guía espiritual, suele decir que todos los seres humanos tenemos la misma capacidad. Asegura que estamos dotados con habilidades para mover objetos, lograr hipnosis, curar enfermedades, sanar a otros, llegar a planos astrales. Lo que sucede es que el hombre, se está robando a si mismo, primero ignorando su riqueza interior y después despreciándose a si mismo.

Somos creadores de nuestra propia realidad, pero como marionetas que mece una mano extraña, nos dejamos llevar por las circunstancias, acusando a otros de nuestras desgracias, cuando en realidad, nosotros mismos somos el titiritero que mece al muñeco de nuestra vida.

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