21/12/15

INDECISIONES

Edward Pinilla

El 10 de marzo de 1981, Morris Goodman, un exitoso vendedor de seguros en  Estados Unidos, sufrió un accidente aéreo que lo dejó casi muerto. Los médicos pronosticaron que jamás volvería a caminar, a respirar sin ayuda artificial, a comer normalmente y a hablar. Los órganos y huesos encargados de estas habilidades, estaban lesionados.

Pese a las opiniones científicas, Morris se planteó varias metas. Respirar, hablar y finalmente salir caminando del hospital. Ocho meses más tarde,   “el hombre milagro” como se le conoce, logró su hazaña al cumplir todo lo que se propuso en su lecho de enfermo.

Morris entendió algo que algunas personas desconocen y que la ciencia ha probado. “El cerebro humano no es capaz de diferenciar las experiencias reales de las imaginarias”.

La indecisión se define como la falta de firmeza y carácter para tomar determinaciones. Ante la ausencia de estas características, permitimos que otros tomen las decisiones para nuestra vida. Sin embargo, cuando nos equivocamos, caemos en el error de culpar a los demás por los resultados obtenidos. Los seres humanos somos los únicos mamíferos en la naturaleza, dotados con la habilidad de elegir. De la calidad de esas elecciones  dependerán los efectos.

Generalmente caemos en la indecisión por varios factores, que en la mayoría de los casos nos fueron dados por herencia por nuestros padres o por quienes participaron de nuestro desarrollo.  El primer elemento que nos induce a fallar en tomar decisiones serias y efectivas, es la “baja autoestima”.

Una persona que se considere inferior a otras, que tenga que preguntar constantemente para tomar alguna decisión por que desconfía de sus juicios, que busque la aprobación ajena y que le interese poco su valía personal, estará en desventaja frente a su poder de elección. Personas así, tardan mucho en ponerse de acuerdo consigo mismas, y cuando lo hacen tienden a retractarse, generando con ello conflicto. Usualmente, estas personas tienen permanentes crisis emocionales.

En ocasiones, el desconocimiento de metas fijas, puede también causar problemas en las decisiones. Cuando alguien no tiene claro - ni definido lo que quiere de la vida, se confunde a sí mismo y confunde a otras personas. La falta de planeación es un elemento perturbador para alguien que quiera objetivos precisos en su vida. Para acertar en la toma de decisiones, es necesario tener fijo que se quiere de la vida.

El miedo a actuar es también un factor de riesgo en la toma de decisiones asertivas. El miedo no es que sea malo, de hecho parece ser que traemos algunos de ellos incrustados en nuestra memoria colectiva. De hecho, los exitosos también sienten miedo, la diferencia está en que ellos toman riesgos y asumen la responsabilidad de correr con éstos. Cuando los seres humanos se dejan manipular por los miedos, se convierten en marionetas de su propio destino, dejando en poder de los demás los resultados de su vida. La única forma de vencer un miedo es enfrentarlo cara a cara.

El pecar de perfeccionistas también nos puede hacer caer en las indecisiones. Cuando alguien actúa de manera rígida, se niega la posibilidad de equivocarse y de aprender. Debemos entender que en parte de la naturaleza humana adquirir aprendizaje a través de la experimentación. Lo delicado es quedarnos en el error y repetirlo varias veces, caemos en la estupidez cuando así sucede.

Finalmente, la falta de voluntad, es otra variable que nos impide tomar decisiones acertadas. Albert Einstein, afirmaba que “existe una fuerza más poderosa que las energías atómica y la eléctrica. La fuerza de voluntad”. Esa, sólo usted puede definirla.


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