30/4/15

ASALTOS EMOCIONALES

Un viejo cacique de una tribu estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida. Les decía: “una vieja pelea está ocurriendo dentro de mí, es entre dos lobos; uno de ellos es maldad , temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentira, orgullo, competencia, superioridad y egolatría”.
El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe. Esta misma pelea está ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra. Los chicos se quedaron pensativos, y uno de ellos preguntó a su abuelo: ¿Cuál de los lobos ganará? …y el viejo cacique respondió simplemente: “El que alimentes”.

El ser humano hace hasta lo imposible, por domesticar y someter su vida emocional. Sin embargo, somos testigos a diario de como las emociones nos juegan una mala pasada, haciéndonos caer en equivocaciones, las cuales a largo plazo, tienen un precio muy alto en la salud física y mental.

De acuerdo a la versión de especialistas en el manejo de las emociones, los momentos de decaimiento y de entusiasmo, son necesarios para lograr equilibrio en la vida. Incluso, advierten, el sufrimiento es fundamental para templar el alma y erradicar actitudes desagradables como el orgullo y la prepotencia. 

Todas las emociones son respuestas a estímulos recibidos a través de los sentidos. En su recorrido por el cuerpo, los estímulos que se transmiten por el sistema nervioso llegan inicialmente a la amígdala, membrana localizada en el cerebro emocional o sistema límbico, allí son procesados y de acuerdo a los archivos almacenados, por asociación, se produce una respuesta, que generalmente se da en acción.

La amígdala, está en la capacidad de hacer tomar decisiones a la persona, sin que la respuesta pase el filtro por el cerebro pensante o neo córtex, como se le denomina al almacén de los pensamientos racionales.

Estos estados emocionales, en los que la mente racional, queda como secuestrada o es asaltada, sin tener en cuenta su participación, se le denominan “asaltos emocionales”. Cuando  son prolongados y se salen de control, se les llama “desbordamientos”.

Todos los seres humanos, en el desarrollo de la vida, tenemos o hemos tenido estos asaltos. Se caracterizan por la abundante carga emocional en la que ponen al cuerpo, activan la emisión de hormonas como la adrenalina, creando momentos de estrés. Además de la alteración en el ritmo cardíaco, que genera un alto riesgo en la salud física.

Estudios científicos han demostrado que las personas que padecen de permanentes asaltos emocionales, son más propensas a sufrir de infartos. 

Entre estos estados, la emoción más común que podemos distinguir es la IRA. Esta es la emoción más dañina para el corazón, sus efectos son mortales. Una persona así, fácilmente pierde el control, llegando incluso a la furia, que se acompaña de violencia.

El disparador de la ira, se asocia generalmente ante la sensación de  hallarse en peligro, puede ser una amenaza física o psicológica. Se puede combatir a través de la conciencia de uno mismo, la práctica de ejercicio, la distracción y la evasión para evitar que aumenten los disparadores, que funcionan como gatillos de un revolver, que disparan más emociones negativas.

Otras emociones como las preocupaciones, también se hallan dentro de estos asaltos emocionales. Se dan generalmente ante el temor y la impotencia por una amenaza. Las personas preocupadas se centran absolutamente en el problema, dejando inadvertidas las soluciones.

La melancolía o tristeza, la depresión y el ausentismo social, son otras formas de entrar en estos estados de asalto emocional. Los especialistas comentan que la relajación es un buen antídoto para evitar quedar atrapado en estos estados. 

Una persona poseída por estos asaltos, difícilmente podrá tomar decisiones inteligentes, o razonables, pues su atención está centrada en el problema o situación que lo perturba. La mente emocional, tiene el control absoluto, haciéndole que tome decisiones erróneas, cayendo en el pesimismo.

PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS

Edward Pinilla
Un poeta anónimo, escribió hace mucho tiempo esta reflexión. “Si crees que estás derrotado, Es que lo estás. Si crees que no, no lo estarás. Si te gusta ganar, pero crees que no puedes, es casi seguro que no ganarás. Las batallas de la vida, no se ganan por el hombre más rápido o más fuerte, sino que más pronto o más tarde, el hombre que gana, es aquel que piensa ganar”.

Seguramente usted, amigo(a) lector(a), en muchas oportunidades se ha preguntado ¿qué pasa con mi vida que no entiendo porque se repiten sucesos que se salen de control, o me resulta imposible hacer esa tarea que quisiera concluir, o dejar atrás ese pasado, u olvidar a esa persona?, o en fin varias situaciones que se vuelven conflictivas,  y para las cuales no encuentra explicación racional alguna, incluso hay quienes en su afán de hallar respuestas, buscan explicación en doctrinas o en actividades paranormales. 

La explicación a estas y más preguntas, está en su mente. Más específicamente en la mente emocional. 

Allí, almacenados con cuidado, con detalle sin importar el tiempo, con la función de custodiarlo a usted para evitar que caiga nuevamente en situaciones dolorosas, están los “pensamientos automáticos”. Se le llaman así, porque están archivados en su mente inconsciente, que ya por sí solos, ellos envían señales a su sistema nervioso que le hacen actuar a usted sin que en ocasiones lo note, a no ser que sea consiente de ellos. 

Un ejemplo de la reacción de estos pensamientos, podría ser el de una mujer o un hombre que cela a su pareja. Para esta persona es real que existe un engaño. Ella o el ven lo que quieren ver, porque es en lo que se enfocan. Generalmente sucede así, por reflejo a un pasado que no ha sido posible superar, puede ser una experiencia de la infancia, en la que vieron como un padre engañaba a una madre  o por experiencia directa.

Estos pensamientos automáticos, son suposiciones rápidas, y en segundo plano, acerca de uno mismo y de las personas que están a nuestro alrededor. Ellos reflejan actitudes emocionales profundas. Estos  tiranizan y regulan las relaciones que tengamos con cualquier persona, sin importar que ella emita gestos agradables. Sencillamente, quien está en frente es alguien que se trae los mimos propósitos de cualquier hombre, pensará una mujer que en su pasado haya sido traicionada.

Generalmente, quienes son manipulados inconscientemente por estos pensamientos automáticos, tienen lo que los sicólogos llaman “asaltos emocionales”.

Estos asaltos, se dan cuando la mente emocional, toma el control sobre la persona, bloqueando completamente la mente racional, imposibilitando toda oportunidad de pensar claramente, sucede a menudo con alguien que esté en ira o preocupado. A esta persona le resulta difícil pensar con claridad, por eso quien está en este estado comete errores, y si deja avanzar la situación llegará hasta la catarsis.

Quienes están afligidos por asaltos emocionales, se sienten disgustados con las actitudes de otros. Sus aflicciones internas y actitudes pesimistas les hace que apelen a la crítica para manifestar sus inconformidades, en la mayoría de los casos, como sucede entre esposos, la crítica suele convertirse en desdén, que es cuando se utilizan ofensas verbales y corporales, para herir.

Cuando la situación se sale de control. Es cuando se presentan los “desbordamientos”. Según los expertos, estos se dan cuando las crisis emocionales son prolongadas, disparando asaltos emocionales permanentes, hasta generar crisis y daños internos y externos.

Estas personas oyen y ven con distorsiones. Una persona asaltada por el desbordamiento, aumenta su ritmo cardiaco por encima de 10, 20, 30 o más latidos por minuto. Generalmente entre los hombres los latidos son de 72 por minuto, en las mujeres es de 82.

Para regular estos estados, lo importante es ser consciente de su estado y empezar a controlar los impulsos que disparan sus efectos, y si le es imposible su control acuda a un especialista.

¿ERES ALEXITÍMICO?

Edward Pinilla
El enemigo más difícil a vencer, está dentro de uno mismo. Llegar al dominio absoluto de las  emociones, es la tarea más complicada que debemos asumir los seres humanos. Todos por igual, somos asaltados en algún momento de nuestra vida, por nuestras emociones, que  tienen mente propia para tomar decisiones independientes del intelecto. 

El ser humano está compuesto por dos mentes, la racional y la emocional. La primera es analítica, reflexiva, registra y responde más tarde que la emocional, a los estímulos, se basa en la relación causa - efecto y tiene como base el pensamiento. La Emocional, es una mente rápida, cuando emite órdenes genera cambios a nivel fisiológico y sicológico, es indiscriminada, asociativa, es decir reacciona al presente como si fuera algo del pasado, opera a través del sentimiento y cuando la emoción se transforma en pasión, toma el control absoluto dominando por completo la razón.

Por eso, la próxima vez que vayas a emitir un juicio sobre algún hecho en particular o sobre alguna persona, ¡detente un momento! Puede ser que ese juicio esté errado, pues en él solo intervienen tus emociones. Pasa seguido con las personas que sufren de celos, ellas creen totalmente en lo que piensan y difícilmente alguien logrará hacerles creer lo contrario, a no ser que entren en uso de su razón. También, ocurre con quienes se dejan llevar por la ira o las preocupaciones, cuando esto sucede, la mente racional está completamente sometida por la emocional.

La recomendación más importante que aconsejan los expertos, es el conocimiento de sí mismo. Lograr tener conciencia absoluta de uno mismo. Esto es, que cuando se produce un impulso emocional, hay que observarlo hasta reconocer su detonador y tener el deseo de superarlo por completo. Este ejercicio requiere disciplina y dominio de sí mismo. 

Pero, así como existen personas que son explosivas, también están otras que son incapaces de expresar sus emociones, aparentemente son totalmente racionales o lógicas, como ellas mismas lo reconocen, todo lo miden y calculan para determinar sus efectos en su vida personal.

Los científicos llaman a estas personas ALEXITÍMICAS. Que sufren de una enfermedad llamada alexitimia. Quienes experimentan  este desorden neurológico, son incapaces de expresar sus emociones, al punto que parecen indiferentes ante cualquier situación personal o externa.

Etimológicamente, según la raíz griega, la palabra se descompone en “a” que quiere decir carencia de, “lexis” que es palabra, y “thymos” que es emoción.  Lo que traduce este término es personas carentes de palabras para expresar sus sentimientos. 

Los neurólogos afirman que generalmente, estas personas, tienden a somatizar sus estados emocionales. Es decir, ante la ausencia de sentimientos, que se les dificulta producir, crean enfermedades en su cuerpo,  ellas permanentemente visitan al médico en busca de respuestas a presuntos malestares físicos, cuyas contestaciones siempre están en su emotividad, y más específicamente en su sistema límbico o cerebro emocional, que es el responsable de la fabricación de sentimientos en el ser humano.

La herramienta más poderosa con la que puede contar todo ser humano para llegar al dominio absoluto de sí mismo, es resistir a los impulsos emocionales. La mente trabaja a través de circuitos, que responden a estímulos provenientes del exterior y que son recibidos por los sentidos.

Estos mensajes llegan primero al sistema límbico y de allí a la amígdala, una membrana encargada de emitir las órdenes emocionales, antes incluso de que éstas lleguen al cerebro pensante o corteza cerebral, que es la base de los pensamientos.

Todo impulso emocional, produce una acción. Esta acción, si no se controla puede recaer en problemas, discusiones, iras, preocupaciones, tristezas o incluso en enfermedades.

Para llegar al autocontrol, que es una de las características de la inteligencia emocional, debemos aprender primero a conocer nuestras emociones para detectar cuáles son los disparadores de esos sentimientos que nos causan problemas, para luego empezar aplicar correctivos, controlando los impulsos emocionales.