1/5/15

INVOLUCRADO Y COMPROMETIDO


Edward Pinilla
Hacía el año 336 antes de Cristo, Alejandro Magno comenzó su reinado sobre Macedonia. A la edad de 15 años sus padres le dijeron que ellos realmente no eran sus progenitores, y que su procedencia, provenía de los dioses del Olimpo, pero para poder acceder y gozar de sus poderes, debía obrar con inteligencia y compromiso. Alejandro creyó la historia de sus padres y obró en consecuencia, convirtiéndose en uno de los estrategas militares más sobresalientes de la historia universal.

Alejandro logró grandes hazañas, gracias al compromiso que asumió con su reino. Imagínese que pasaría con usted si actuara en consecuencia, con alto grado de compromiso. Sus actuaciones serían destacables y extraordinarias.

El compromiso es uno de los valores corporativos más destacados dentro de una organización. Una persona comprometida “esta con”, mientras una persona involucrada, “está por”.

El compromiso es entendido como la máxima expresión del vínculo entre empresa y trabajadores, entre esposos, entre amigos, entre socios y en cualquiera área de la vida que usted lo quiera aplicar. 

Según el diccionario de la Real Academia Española, compromiso es: “obligación contraída, palabra dada, fe empeñada”. Si lo descomponemos, COM – PROMESA, significa un deber moral adquirido hacía una persona, una entidad o una institución.

Pero, situémonos en el aspecto laboral, para referirnos al compromiso que como trabajadores o partes de una empresa, debemos asumir. Cuando existe un alto nivel de compromiso, se crea identidad y fidelidad de los empleados. Mientras que si el trabajo se realiza por obligación, existe desmotivación y baja calidad, que genera conflictos laborales, ausentismo, abandono, apatía y hasta un mal servicio en la atención a los clientes.

Para fomentar el compromiso entre los trabajadores, una empresa competitiva debe solidificar este concepto entre el personal, mediante la estimulación.

Lo primero es fomentar el sentido de pertenencia, que se logra compartiendo la misión y los valores institucionales, aceptando las normas de convivencia y sometiendo intereses propios a los colectivos. Cuando hay alto sentido de pertenencia el compromiso es natural, se logra sinergia. Ésta se da  cuando dos o más fuerzas se unen con un fin común.

Seguidamente, se debe desarrollar la proactividad, que comprende aspectos como la iniciativa, la diligencia, la anticipación, el optimismo y la perseverancia. Una persona proactiva está dispuesta a los cambios, es de mente abierta, no espera a que le estén dando órdenes, por el contrario da más de lo que se necesita para el desarrollo de sus habilidades. 

La proactividad es propia de empresas dinámicas. Para desarrollar la proactividad debe existir una cultura de mejora continua, retroalimentación y autocrítica.

De la misma manera la organización debe brindar apoyo cuando sea necesario, utilizando elementos de motivación internos y externos, e implementando un estilo de gerencia efectivo. Este concepto  se refiere a cualidades de liderazgo en los directivos con habilidades para manejar equipos de alto rendimiento, con sensibilidad interpersonal, flexibilidad a los cambios y  capacidad para desarrollar relaciones exitosas.

La persona comprometida se siente parte del entorno en el que se desenvuelve, un empleado en este caso, se sentirá parte de la empresa. Un comprometido está en permanente búsqueda de su calidad humana y profesional, lo que lo obliga a prepararse mejor, a ser más competitivo a nivel individual. También, una persona así, ayuda al mejoramiento de los procesos productivos, es parte del engranaje de la empresa, por lo que los directivos le confían responsabilidades. Esta persona, añade valor agregado a su trabajo, da más de lo que se le pide. Ellos, los comprometidos no evitan el trabajo, por el contrario se  ofrecen a las tareas en las que se requieran, pues ellos disfrutan haciendo sus labores. Un comprometido piensa en el futuro y se siente responsable de ayudarlo a construir dentro del lugar donde se desempeña.  

Las personas comprometidas evitan la reactividad. Ser reactivo, es estar en el lado contrario de la proactividad. Personas así, se quejan por todo,  para ellas su trabajo es considerado como una carga.

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30/4/15

INTELIGENCIA EMOCIONAL EMPRESARIAL


Edward Pinilla
Afirma un dicho chino que “el tiempo es el mejor de todos los maestros. Pero, desafortunadamente termina matando a todos sus alumnos”

Para emprender un camino de éxito a nivel empresarial, aplicando la inteligencia emocional para mejorar y evolucionar, tenemos dos opciones. La primera es inventar el futuro a través de la propia experiencia y la segunda es modelar los pasos que otros han seguido para alcanzar sus objetivos. La elección de cualquiera de estos dos procedimientos se mide en condiciones de tiempo.

Según Peter Salovey y John Mayer, quienes hablaron por primera vez del término inteligencia emocional, ésta se define como: "la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás".

Esta inteligencia tiene dos competencias, una intrapersonal y la otra interpersonal. La primera se relaciona con la capacidad de conocerse a sí mismo para identificar los estados de ánimo, la frecuencia de sus ocurrencias, (en el caso de quienes padecen de ataques constantes de ira, preocupación, estrés, ansiedad o depresión), la regulación de estos estados y el autocontrol. La segunda competencia, tiene que ver con la capacidad de entender las emociones ajenas, por qué alguien actúa de cierta y determinada manera, dentro de esta competencia encontramos la empatía.

Las emociones, son reacciones que se manifiestan en estados de ánimo que provocan cambios orgánicos y que son influenciados por las experiencias que generan estímulos externos. Estas emociones diferentes a los sentimientos, pasan rápido, su efecto es pasajero. Mientras que los sentimientos perduran, el dolor por la muerte de un ser querido puede durar varios días o semanas.

La empatía se construye sobre la base de uno mismo. En el momento en que comprendemos nuestras emociones y por qué se producen, podemos comprender la reacción de otras personas. Esta es una característica que debe prevalecer en las relaciones empresariales.

En los momentos actuales, en los que vivimos la era de la “información”, que trae consigo unas condiciones especiales, muy distintas a la anterior era industrial, el empresario furioso o agresivo, representa el ayer, el pasado; mientras que el empresario hábil en el manejo de relaciones interpersonales, representa el futuro de los negocios.

La base unas buenas relaciones interpersonales y de la organización en la empresa, es la “retroalimentación”. Esto se entiende como el intercambio permanente de información entre las partes para saber en qué estado se encuentran los procesos, si todo está bien o requiere ajustes.

Sin retroalimentación las relaciones dentro de la empresa marchan a la deriva, sin dirección, se manifiestan como un juego al azar. 

El desarrollo de habilidades emocionales en el interior de la empresa, trae beneficios en la productividad. Pues, está comprobado que cuando existe estática emocional en las personas, esto es cuando alguien no puede superar momentos de ira, crítica, rivalidad y otros, disminuye su capacidad productiva y no puede ofrecer lo mejor que tiene. Mientras que cuando existe sintonización entre las personas, la capacidad para resolver desacuerdos aumenta. 

La efectividad y productividad, son conceptos que también dependen de como los empresarios y directivos traten los problemas de sus empleados.

Existe un concepto moderno, implementado por Peter Drucker, para referirse a los nuevos trabajadores, dentro de esta nueva era de la información. El autor lo define como “TRABAJADORES DEL CONOCIMIENTO”. Esto se refiere a personas cuya productividad se caracteriza por añadirle valor a la información, son personas proactivas que siempre están agregándole valor a sus trabajos.

Estos trabajadores modernos saben trabajar en equipo, de hecho su pericia y destrezas son altamente especializadas y su productividad depende de los esfuerzos coordinados con otras partes del equipo. Aquí, la unidad de trabajo impera más que el individuo. 

Dentro de este nuevo modelo, la inteligencia emocional es necesaria para lograr armonía en las relaciones, controlar impulsos que conllevan a roces y malentendidos, y lograr mejoras en la productividad y efectividad organizacional.

LOS ESTADOS DE FLUJO EMOCIONAL

Edward Pinilla
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Es en esos momentos, en los que vale recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos al no "ver" rápidamente el resultado que esperamos, se está sucediendo algo dentro nuestro…Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...quizá sólo estés echando raíces...

Los cambios en la vida deben ocurrir primero a nivel interno. Es a nivel mental en donde deben desarrollarse nuevas raíces. Sin embargo, nada pasará si seguimos con el mismo esquema mental, esperando que cambien las situaciones. Mientras no decidas cambiar nada pasará a tú alrededor.

Para alcanzar el Estado de Flujo Emocional, se requiere el desarrollo de cualidades y habilidades de la inteligencia emocional. Estas son, el conocimiento de sí mismo, la empatía para poder entendernos y entender las reacciones de los demás, la simpatía, el equilibrio, el optimismo y el autocontrol.

El estado de flujo, es un estado en el que por sí solo, la persona logra superarse a sí misma de situaciones que le generan conflicto interno, esto le permite desarrollar mayor actividad, potenciando el entusiasmo, es en esos momentos cuando decimos que “todo nos sale bien”.

Este es el estado óptimo de la inteligencia emocional, en el flujo, las emociones van dirigidas y controladas para alcanzar el logro de los objetivos planteados por la persona. Aquí en este estado, no caben emociones negativas.

Quedar atrapado en el aburrimiento, las preocupaciones, la depresión, la ira, la desesperanza, la tristeza, el rencor y otras emociones tóxicas, es estar fuera del flujo.

El flujo emocional, es deleite, gozo, paz, armonía, fe en sí mismo. Quien se halla en este estado emocional, pierde la noción del tiempo y el espacio, pues solo está concentrado en alcanzar sus logros propuestos, disfrutando el aprendizaje que produce el camino al éxito.

Para alcanzar el estado de flujo, se requiere de una madurez mental, espiritual y emocional, bien desarrolladas, mediante la práctica y el entendimiento de la vida. Demanda también concentrarse totalmente en la tarea a realizar, evitando las distracciones. Exige serenidad y hacer lo que agrada y causa placer, esto es el desarrollo de las habilidades y talentos personales.

Dentro de este estado, la empatía juega un papel importante. Esta se logra mediante una comunicación emocional recíproca. La empatía requiere suficiente calma y serenidad, para que haya sintonía. 

Esta sintonía con las emociones propias y ajenas, se adquiere mediante el proceso del sentir. Cuando tienes autocontrol, dominas el impulso que provoca la explosión de las emociones, logras persuadir, influir y tranquilizar a otros.

Hay que tener en cuenta que las emociones son contagiosas. Todos los días, a cada momento, captamos, reproducimos e imitamos las emociones de otras personas. Muchas veces nos dejamos influenciar. Nos contagiamos mutuamente, es como una especie de virus social.