30/4/15

PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS

Edward Pinilla
Un poeta anónimo, escribió hace mucho tiempo esta reflexión. “Si crees que estás derrotado, Es que lo estás. Si crees que no, no lo estarás. Si te gusta ganar, pero crees que no puedes, es casi seguro que no ganarás. Las batallas de la vida, no se ganan por el hombre más rápido o más fuerte, sino que más pronto o más tarde, el hombre que gana, es aquel que piensa ganar”.

Seguramente usted, amigo(a) lector(a), en muchas oportunidades se ha preguntado ¿qué pasa con mi vida que no entiendo porque se repiten sucesos que se salen de control, o me resulta imposible hacer esa tarea que quisiera concluir, o dejar atrás ese pasado, u olvidar a esa persona?, o en fin varias situaciones que se vuelven conflictivas,  y para las cuales no encuentra explicación racional alguna, incluso hay quienes en su afán de hallar respuestas, buscan explicación en doctrinas o en actividades paranormales. 

La explicación a estas y más preguntas, está en su mente. Más específicamente en la mente emocional. 

Allí, almacenados con cuidado, con detalle sin importar el tiempo, con la función de custodiarlo a usted para evitar que caiga nuevamente en situaciones dolorosas, están los “pensamientos automáticos”. Se le llaman así, porque están archivados en su mente inconsciente, que ya por sí solos, ellos envían señales a su sistema nervioso que le hacen actuar a usted sin que en ocasiones lo note, a no ser que sea consiente de ellos. 

Un ejemplo de la reacción de estos pensamientos, podría ser el de una mujer o un hombre que cela a su pareja. Para esta persona es real que existe un engaño. Ella o el ven lo que quieren ver, porque es en lo que se enfocan. Generalmente sucede así, por reflejo a un pasado que no ha sido posible superar, puede ser una experiencia de la infancia, en la que vieron como un padre engañaba a una madre  o por experiencia directa.

Estos pensamientos automáticos, son suposiciones rápidas, y en segundo plano, acerca de uno mismo y de las personas que están a nuestro alrededor. Ellos reflejan actitudes emocionales profundas. Estos  tiranizan y regulan las relaciones que tengamos con cualquier persona, sin importar que ella emita gestos agradables. Sencillamente, quien está en frente es alguien que se trae los mimos propósitos de cualquier hombre, pensará una mujer que en su pasado haya sido traicionada.

Generalmente, quienes son manipulados inconscientemente por estos pensamientos automáticos, tienen lo que los sicólogos llaman “asaltos emocionales”.

Estos asaltos, se dan cuando la mente emocional, toma el control sobre la persona, bloqueando completamente la mente racional, imposibilitando toda oportunidad de pensar claramente, sucede a menudo con alguien que esté en ira o preocupado. A esta persona le resulta difícil pensar con claridad, por eso quien está en este estado comete errores, y si deja avanzar la situación llegará hasta la catarsis.

Quienes están afligidos por asaltos emocionales, se sienten disgustados con las actitudes de otros. Sus aflicciones internas y actitudes pesimistas les hace que apelen a la crítica para manifestar sus inconformidades, en la mayoría de los casos, como sucede entre esposos, la crítica suele convertirse en desdén, que es cuando se utilizan ofensas verbales y corporales, para herir.

Cuando la situación se sale de control. Es cuando se presentan los “desbordamientos”. Según los expertos, estos se dan cuando las crisis emocionales son prolongadas, disparando asaltos emocionales permanentes, hasta generar crisis y daños internos y externos.

Estas personas oyen y ven con distorsiones. Una persona asaltada por el desbordamiento, aumenta su ritmo cardiaco por encima de 10, 20, 30 o más latidos por minuto. Generalmente entre los hombres los latidos son de 72 por minuto, en las mujeres es de 82.

Para regular estos estados, lo importante es ser consciente de su estado y empezar a controlar los impulsos que disparan sus efectos, y si le es imposible su control acuda a un especialista.

¿ERES ALEXITÍMICO?

Edward Pinilla
El enemigo más difícil a vencer, está dentro de uno mismo. Llegar al dominio absoluto de las  emociones, es la tarea más complicada que debemos asumir los seres humanos. Todos por igual, somos asaltados en algún momento de nuestra vida, por nuestras emociones, que  tienen mente propia para tomar decisiones independientes del intelecto. 

El ser humano está compuesto por dos mentes, la racional y la emocional. La primera es analítica, reflexiva, registra y responde más tarde que la emocional, a los estímulos, se basa en la relación causa - efecto y tiene como base el pensamiento. La Emocional, es una mente rápida, cuando emite órdenes genera cambios a nivel fisiológico y sicológico, es indiscriminada, asociativa, es decir reacciona al presente como si fuera algo del pasado, opera a través del sentimiento y cuando la emoción se transforma en pasión, toma el control absoluto dominando por completo la razón.

Por eso, la próxima vez que vayas a emitir un juicio sobre algún hecho en particular o sobre alguna persona, ¡detente un momento! Puede ser que ese juicio esté errado, pues en él solo intervienen tus emociones. Pasa seguido con las personas que sufren de celos, ellas creen totalmente en lo que piensan y difícilmente alguien logrará hacerles creer lo contrario, a no ser que entren en uso de su razón. También, ocurre con quienes se dejan llevar por la ira o las preocupaciones, cuando esto sucede, la mente racional está completamente sometida por la emocional.

La recomendación más importante que aconsejan los expertos, es el conocimiento de sí mismo. Lograr tener conciencia absoluta de uno mismo. Esto es, que cuando se produce un impulso emocional, hay que observarlo hasta reconocer su detonador y tener el deseo de superarlo por completo. Este ejercicio requiere disciplina y dominio de sí mismo. 

Pero, así como existen personas que son explosivas, también están otras que son incapaces de expresar sus emociones, aparentemente son totalmente racionales o lógicas, como ellas mismas lo reconocen, todo lo miden y calculan para determinar sus efectos en su vida personal.

Los científicos llaman a estas personas ALEXITÍMICAS. Que sufren de una enfermedad llamada alexitimia. Quienes experimentan  este desorden neurológico, son incapaces de expresar sus emociones, al punto que parecen indiferentes ante cualquier situación personal o externa.

Etimológicamente, según la raíz griega, la palabra se descompone en “a” que quiere decir carencia de, “lexis” que es palabra, y “thymos” que es emoción.  Lo que traduce este término es personas carentes de palabras para expresar sus sentimientos. 

Los neurólogos afirman que generalmente, estas personas, tienden a somatizar sus estados emocionales. Es decir, ante la ausencia de sentimientos, que se les dificulta producir, crean enfermedades en su cuerpo,  ellas permanentemente visitan al médico en busca de respuestas a presuntos malestares físicos, cuyas contestaciones siempre están en su emotividad, y más específicamente en su sistema límbico o cerebro emocional, que es el responsable de la fabricación de sentimientos en el ser humano.

La herramienta más poderosa con la que puede contar todo ser humano para llegar al dominio absoluto de sí mismo, es resistir a los impulsos emocionales. La mente trabaja a través de circuitos, que responden a estímulos provenientes del exterior y que son recibidos por los sentidos.

Estos mensajes llegan primero al sistema límbico y de allí a la amígdala, una membrana encargada de emitir las órdenes emocionales, antes incluso de que éstas lleguen al cerebro pensante o corteza cerebral, que es la base de los pensamientos.

Todo impulso emocional, produce una acción. Esta acción, si no se controla puede recaer en problemas, discusiones, iras, preocupaciones, tristezas o incluso en enfermedades.

Para llegar al autocontrol, que es una de las características de la inteligencia emocional, debemos aprender primero a conocer nuestras emociones para detectar cuáles son los disparadores de esos sentimientos que nos causan problemas, para luego empezar aplicar correctivos, controlando los impulsos emocionales.

EL GOBIERNO DEL EGO

Edward Pinilla
400 años antes de Cristo, Lao Tsé, recomendó la práctica de 4 grandes virtudes. La primera “la veneración por cualquier tipo de vida” que se manifiesta en el respeto a los demás, la segunda “la sinceridad” que se manifiesta en la franqueza, la tercera la dulzura” cuya manifestación es la bondad, y la cuarta virtud “el dar apoyo” su manifestación es el servicio que se debe dar a las demás personas.

EL EGO, te hace sentir que tienes la razón en todo lo que haces y dices. Él, que es una parte de ti, te hace parecer que todo está bien, y que si las cosas no se hacen así, definitivamente están mal hechas. Se compone de un conjunto de creencias, que en la mayoría de los casos, lo hemos heredado de nuestros padres o familia, y de la información suministrada por las experiencias vividas. Un ejemplo de ello podría ser cuando una mujer que ha sido engañada, afirma “el que se enamora pierde”, es su ego asumiendo una posición de defensa, que envía información a su cerebro y  sistema nervioso, para evitar que esa situación vuelva a repetirse.

El ego se manifiesta de varias maneras. Una de ellas es que hace pensar que “sólo eres el resultado de lo que tienes”, de esta manera, manipula a la persona, haciéndole creer que su valor social, se determina por las posesiones. Cuánto más  poseas, más valioso serás.

Otra característica, es que hace creer que se es lo que se hace. Si eres el mejor y el número uno, dentro de lo que haces, eres más valioso para los demás, de lo contrario serás rechazado. Esto no debe confundirse con la planificación de la vida. No es malo sobresalir, ser el mejor es bueno, siempre y cuando nunca olvides que estás allí para servir y mejorar la calidad de vida de otras personas.

También, el ego engaña algunas veces, haciendo creer, que eres el resultado de lo que otros piensan de ti. Si tú reputación es buena, eres una persona valiosa, de lo contrario, no cabes dentro de ciertos círculos sociales. La inteligencia humana, no se hereda, no se relaciona con la genética, todos los seres humanos nacimos con la misma capacidad, la clave está en desarrollarla, ejercitarla para evolucionar.

Al ego, esa  parte de ti que le encanta ser independiente, manipuladora, egoísta, selectiva y materialista, no le gusta perder. Cuando algo no sale como se tenía previsto, o no se esperaba, empieza la crisis, que en general, suele manifestarse en tristeza, depresión, soledad, decaimiento y otras emociones que suelen conducir a enfermedades, esto se llama conflicto.

Estos conflictos con uno mismo, se presentan generalmente cuando existe apego. Esta sujeción a las cosas materiales o a las personas, son manifestaciones de falta de conocimiento de sí mismo y de la carencia del entendimiento del propósito, lo que se conoce como “dharma”, es el objetivo de la existencia, la función que corresponde a cada ser humano dentro de esta experiencia personal de vida.

Cuando esto pasa, se decae el entusiasmo. Y, a falta de entusiasmo, la vida se descompone y se pierde el sentido, la razón para vivir.

Entusiasmo, proviene de la raíz griega “entheos”  que significa que se lleva un dios adentro. Si comprendes la existencia de Dios dentro de ti,  tienes entusiasmo, eso te da la fuerza y la capacidad para asimilar que todo lo que hagas tiene la inspiración y la fuerza divina. 

En el momento que reconoces que eres parte de una inteligencia superior, que vive dentro de ti, entras en sincronía y comienzas a sentir la revelación de la intencionalidad de tú vida. Estas aquí para algo muy grande. Es, en ese momento en que el ego deja de ser el amo de tú vida, ahora confías en ti y por lo tanto confías en la fuente de tú creación, a quien llamamos Dios.