20/12/15

LAS PALABRAS: ALIENTO DEL ALMA

Edward Pinilla
Hace algunos días tuve la maravillosa oportunidad de conocer en persona a uno de los ángeles de Dios que aún están presentes. Se trata de la hermana, María de Jesús Flórez, santandereana de 85 años de edad, 66 de los cuales dedicados a su oficio de religiosa.

En 1996, a sus 78 años, le detectaron un cáncer. Los médicos le anunciaron que era un regalo de Dios. Ella se limitó a decir “que regalo tan mal envuelto” y luego aceptó con humildad la mortal enfermedad que en tres años fue eliminada por completo de su cuerpo. La cura, dijo la hermana, estuvo en el amor a Dios.

Cito y honro la vida de la hermana María como ejemplo para referirme al aliento que permanentemente estamos exhalando los seres humanos. El aliento del alma, que son las palabras, habladas y escritas, que reflejan la existencia del corazón. ¿Quieres saber si sufres de alguna enfermedad  o eres propenso a sufrir algún día de ellas? Sencillamente, observa tu lenguaje, esa es la mejor medición que podemos hacer de nuestro interior.

Ese es tal vez el caso de lo que está ocurriendo con la  presidenta de la Corte Suprema de Justicia, la socorrana  Ruth Marina Díaz Rueda,  contra quien toda la prensa y todo aquel que tenga la oportunidad de decir algo en cualquier medio de difusión masiva, expresa su sentir,  o simplemente se suma a los comentarios para aportar de lo que tiene en su repertorio. ¿Objetivo, sincero, cierto? Eso sólo podrá responderlo todo aquel que haya escrito o pronunciado alguna palabra en contra.

500 años antes de Cristo, el maestro Sócrates  decía a sus discípulos cuando acudían a su presencia para comentarle algo, que lo sometieran a las tres cercas. Lo primero que les anunciaba era que si lo que le venían a contar era verdad, lo segundo era que si eso era bueno y lo tercero, era que si ese comentario era necesario decirlo. Si no pasaba los tres filtros, sencillamente les advertía que lo sepultaran en el olvido y que no le interesaba escucharlo.

Quienes así lo han escrito o hablado, deberían imitar la actitud del maestro Sócrates y tratar de discernir sobre la verdad de la vida de esta persona, que de acuerdo a quienes la conocen ha escalado posiciones a pulso, valiéndose de esfuerzo y vigor. Más bien, esta historia podría ser considerada en los libros de desarrollo personal, para decirle a las personas que necesitan ejemplos de vida, cómo ella, fue capaz de sobreponerse a los avatares de la vida y romper paradigmas, creyendo en sí misma y emergiendo como las águilas, alto bien alto.

Conocí la historia de la distinguida magistrada, por versión de su mejor amiga y excompañera de la Universidad Santo Tomás de Aquino. María Smith Pérez, claustro en el cual ambas se graduaron como abogadas. 

Existen dos reglas máximas en la ética universal, que de ser aplicadas, las relaciones interpersonales serían un éxito para cualquiera. La primera es: no hagas a los demás lo que no quisiera que te hicieran a ti, y la segunda es: haga a los demás lo que quisiera que te hicieran a ti. Sin embargo, en la práctica es contrario lo que está sucediendo en nuestro país.

Esta sociedad en la que actualmente vivimos, parece ensañada en tratar de ridiculizar a los demás, sin importar el respeto o los valores ajenos. Sólo existe un interés personal y por alcanzarlo no importa hacer el mal al otro. Parecemos buitres alimentándonos de la carne de otros.
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ATORAMIENTOS

Edward Pinilla
Todas las personas sin distingo de ninguna consideración, clase, sexo, política, religión, etc; tenemos momentos de atoramiento en la vida. Parece ser una condición especial que nos obliga a tomar medidas para establecer cambios, si realmente deseamos que sucedan.

En esta vida estamos destinados a asumir dos roles: o somos parte del problema, o somos parte de la solución. En consecuencia por cada papel interpretado adquirimos la información necesaria. Acumulamos estupidez o sabiduría. Al ser parte de los problemas y adquirir estupidez, repetimos una y otra vez los hechos, lamentándonos, quejándonos, discutiendo, distanciando, eludiendo o acusando. Por el contrario, al ser solucionadores y aprender de los hechos, adquiriendo de ellos la sabiduría necesaria para seguir, alcanzamos lentamente la maestría para enseñar a otros a superar los obstáculos para evitarles caer en el papel de víctimas.

Estar atorado, es quedarse inmóvil ante una situación que requiera tomar una decisión rápida. El atoramiento causa decepción. Podemos atorarnos al tomar una decisión difícil de revertir, como una mala elección de pareja, una carrera con la que siente incómodo, un trabajo en el que no se sienta a gusto y otras situaciones más que seguro a usted y a mí, nos ha pasado.

Nos atoramos en la vida, generalmente por las malas decisiones, muchas veces tomadas al azar por emociones pasajeras que creímos eran las más adecuadas. Tengamos presente que en la vida humana operan las mismas reglas que operan en toda la naturaleza. El campesino para poder ver su cosecha, debe esperar por lo menos entre uno o dos años, a veces más. En ese tiempo, debe podar la maleza alrededor de las plantas, debe regarlas con agua y nutrientes, y luego sentarse a esperar con paciencia. Eso se llama la ley del dar y recibir. Todo lo que das recibes. El campesino sabe que si lo hace bien, recogerá buenos frutos, de lo contrario, la naturaleza le dará frutos malos.

En la vida sucede lo mismo, de acuerdo a lo que das a los demás, eso mismo recibes. ¿Qué podrá esperar de la vida, una persona que trata mal a otras, que es malhumorada,  difícil de tratar,  negativa, avara y egoísta? ¿Qué podrá esperar un joven que protesta por todo, que es reactivo, criticón y que arma escándalos a su paso? ¿Qué podrá esperar de la vida, el hombre que se la pasa ebrio todos los fines de semana, que tiene  varias parejas y es inestable? ¿Qué cosecha podrá recoger, la mujer que prefiere la calle, las amigas  y otros placeres, a la vida de hogar? ¿Qué podrá recoger, la persona que malgasta el dinero, que humilla a otros por sus posesiones y que se cree superior en todo?

El atoramiento sucede cuando el ser humano es guiado por su ego. Cuando esto es así, no se ven otras cosas más allá de las posesiones propias, y se establecen relaciones de poder. Negocian con otras a cambio de obtener unas ganancias sin importar que los demás deban perder, solo importan los intereses propios. Para ellas, la vida se sintetiza a lo meramente material.

Estar atorado no es malo, por el contrario, es un estado que permite y exige mirar hacia otro lado diferente. Cuando estás en el atoramiento, es el momento en el que se cuestiona la vida personal, se analizan los actos y se antepone una mirada crítica a uno mismo. Es allí, cuando activamos la inteligencia espiritual y empezamos a descubrir los secretos del mundo interior.

Dentro de ti, está oculto un secreto que sólo podrás descubrir cuando desnudez tu interior.
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19/12/15

VIRUS MENTALES



Edward Pinilla
El escritor español Max Aub, narra así una de sus historias “Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro”.

Nuestra sociedad afronta uno de los momentos más difíciles en toda la historia de la humanidad, en el área de los valores. La crisis es tan fuerte que lo que vivimos internamente se está replicando en el exterior. 

La mayoría de seres humanos que habitamos este planeta parecemos “marionetas”, manipuladas por nuestras propias cuerdas imaginarias (los pensamientos) que nos hacen interpretar la vida a nuestro acomodo (acciones). Lo que nos parece verdad, lo defendemos a capa y espada, sin importar herir, ofender o hacer daño físico, psíquico o moral a cualquier persona que trate de hacernos ver que la realidad es otra.

Desde niños hemos venido siendo manipulados. Primero, por nuestros padres, que inocentemente nos enseñaron el mundo de acuerdo a lo que ellos consideraban que era la verdad. Allí, adquirimos la primera noción de lo que era vivir. Luego, vinieron  los maestros en la escuela, le siguieron: la sociedad en general, televisión, cultura y demás, de los cuales formamos las creencias que nos hacen ser lo que somos hoy.

El origen de toda verdad reside en la palabra. Una palabra nos alienta o nos desanima. Nos engrandece o nos humilla. Las palabras tienen el poder de crear, ellas son transformadoras, dan vida, sin ellas no seríamos seres humanos, tal vez seríamos otra especie distinta a la animal sin comunicación verbal.

En Juan 1:1, dice textualmente: “En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios”. 

Según esto, la palabra es origen, es nacimiento y al mismo tiempo es verdad. Sin embargo, ¿qué importancia le damos a las palabras que pensamos y hablamos? Como en el cuento del novelista francés Max Aub, nos estamos intoxicando con las palabras con las que a diario nos relacionamos. Peor aún, estamos intoxicando a otros.

Es allí donde empieza el virus mental, en el repertorio y fluidez de las palabras con que contamos. Vasta con escuchar a alguien hablar y de inmediato formamos un concepto de lo que esa persona es. De acuerdo a sus palabras, podemos medir, sus inteligencias: mental (capacidad de pensamiento), emocional (emociones predominantes), física (lenguaje corporal) y espiritual (relación con la divinidad).

Un virus, toxina o veneno, es una entidad biológica que se introduce en la célula, de la cual se abastece, la ataca e infecta con la información que contenga. En pocas palabras, es un invasor parásito que se vale de otros para sobrevivir. A nivel mental, el virus se infecta a través de las palabras que ingresan por los oídos o la vista al leerlas.

La cura para estos virus, está en la consciencia de lo que eres realmente. El principal remedio está en la observación directa a través de tus sentidos, de las palabras que se emiten y el efecto que estas tienen sobre las acciones.
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