1/5/15

SÉ, PARTE DE LA SOLUCIÓN Y NO DEL PROBLEMA

Edward Pinilla
¿Sabes cómo se preparan las ancas de rana?...Luego de capturar a los batracios, se les echa en agua fría y se pone a hervir. A medida que el agua va calentándose, la sangre de las ranas adopta la temperatura del ambiente, primero les da somnolencia, y luego cuando el agua hierve, se cuecen.

Algo parecido nos sucede a algunos seres humanos que no nos damos cuenta cuando la temperatura del ambiente empieza a calentarse, simplemente nos adaptamos a él, sin hacer nada por salir de allí, simplemente asumimos el papel de víctimas, a las que los demás quieren hacer daño.

Hay que tener en cuenta algo fundamental dentro de la vida, todos los seres humanos tenemos problemas o conflictos, éstos aparecen en la vida, como espejos de nuestro mundo interior, o mejor aún, son puestos allí para darnos alguna enseñanza o lección que debemos aprender. Claro está, que la mayor parte de estos problemas, nosotros mismos los causamos, se generan por nuestras decisiones, las cuales tienen como efecto unas consecuencias.

Sin embargo, como decía Albert Einstein, no se puede resolver los problemas con la misma visión con que fueron creados. Esto es, se requiere un cambio de actitud y aptitud, para darles solución. Ello, obliga al viraje de la percepción. Recuerda que en últimas esa situación permanece allí, por tu forma de ver la realidad. Mientras esto no cambie, nada sucederá a tú alrededor.

En conflictos de pareja, estudios de psicología, afirman, que la mayoría de discusiones o separaciones, se dan por tres razones: alcohol, infidelidad y la intromisión de familiares en el aprieto.

Si tu situación es parecida, o si tienes algún conflicto con tu jefe, un amigo o algún vecino, estas reglas podrán ayudarte a encontrar alivio a esa situación que debilita tus fuerzas y te pone a la defensiva. Generalmente toda discusión concluye en una crisis, éstas pueden generar pérdidas para las partes y hasta el desgaste de la misma salud física.

Primero, cuando tengas alguna complicación, del orden que sea, evita por todos los medios posibles de discutir con la otra persona en público. Hazlo a solas, en privado. Cuando contendemos en presencia de otros, aflora el ego, controlando la discusión, sacando a relucir defectos en el otro, mientras que cuando lo hacemos a puerta cerrada, es más fácil sincerarnos, la temperatura de las palabras baja, pues el estar frente a frente, deja ver la persona sincera y dispuesta a una solución del que está frente a nosotros.

En segunda medida, nunca involucre a terceros en sus altercados. Es decir, cuando tenga diferencias con alguien, evite contarle a otra persona, especialmente a alguien cercano a usted o algún miembro de la familia, pues los hará parte del problema y a lo mejor por simpatía con usted o por su grado de consanguinidad, ellos harán también parte del conflicto, haciéndolo a usted asumir el papel de víctima y al otro de victimario, y esto por supuesto agrava más la situación, en vez de mejorarla. Tenga madurez, una persona madura, habla cara a cara y con la parte implicada en el problema, para hallarle solución.

También, cuando discuta con otro, hágalo sobre un tema en particular, nunca traiga a escena temas adicionales, pues ello complicaría más el asunto, aumentando su volumen y haciendo difícil la solución. Generalmente, al calor de una discusión, la mayoría de las personas, principalmente en relaciones de pareja, empiezan con rabia ante un tema y terminan hablando acaloradamente de otros, que por efectos de la ira, añadieron.
Deje atrás los temas del pasado. Muchas de las veces los conflictos no hayan solución por que volvemos sobre los mismos temas una y otra vez. El pasado ya se fue, no trate de revivirlo.
Finalmente, evite llegar al desdén, esto se presenta cuando presas de la ira, las palabras que se emiten, llevan un alto contenido de ofensa, hiriendo el orgullo de la otra persona.

DESARROLLO DE LA PROACTIVIDAD

Edward Pinilla
Hacia los años 70, el psicólogo norteamericano Walter Mischel, de la universidad de Stanford, hizo un experimento con 40 niños  de 4 años de edad, para medir su nivel de reacción frente al estímulo de un superior.  Les dijo que se iba a ausentar varios minutos, para aquel que esperara hasta que él llegará le daría 2 golosinas, pero el que no pudiera esperar podría tomar un solo confite al que tenía derecho, que estaba sobre la mesa.

Una cámara de video registró la reacción de los infantes. Varios no resistieron y tomaron su dulce, pero otros decidieron esperar a que llegara el maestro y les diera su obsequio doble. Los chicos que esperaron, que fueron pocos, se les hizo seguimiento hasta una edad adulta. Los científicos comprobaron que eran productivos, exitosos y proactivos.

La proactividad se relaciona con la conducta y por lo general se adquiere mediante el aprendizaje. No tiene nada que ver con la genética, no se porta en los genes.  Es desarrollada en el crecimiento, incluso desde la gestación, pues involucra también la inteligencia emocional. Asimismo tiene que ver con el amor propio, pues una buena autoestima hace que el ser humano se  valore y encuentre el sentido a la vida.

La proactividad es un hábito, según lo define Stephen Covey, es el primero de los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Se relaciona con la manera como vemos al mundo y su realidad. Esta es determinada por la mirada interior, como te ves a ti mismo. No se relaciona solamente con tomar la iniciativa en cualquier aspecto o labor de nuestra vida, va mucho más allá, involucra la responsabilidad, que en términos generales es responder de manera voluntaria por tus propios actos, sin que tus decisiones afecten la vida de otras personas, ni la naturaleza.

La palabra responsabilidad es la diferencia entre una persona proactiva y una reactiva, se refiere a responder con habilidad  por nuestras decisiones, de manera asertiva. Una persona proactiva es consciente de sus actos, sabe que ella misma tiene en sus manos la opción de hacer que las cosas sucedan y no esperar a que ellas sucedan.

Por el contrario, un reactivo,  busca excusas en el exterior de algo que le sale mal. Es consciente de su papel, sin embargo, no toma la iniciativa para hacer que eso suceda con sus propios esfuerzos. Por el contrario se vale de la ayuda de otros para hacer lo que a él o ella les corresponde. Cuando las cosas salen mal, siempre busca culpables, o apela a excusas para justificar su mediocridad. Podríamos decir que un reactivo es una víctima a la que todo el mundo quiere engañar o hacer el mal. Su mirada es siempre negativa y por lo general contagia a quienes están a su alrededor de sus estados de ánimo pesimistas.

Un proactivo entiende que entre el estímulo y la respuesta, existe la opción de elegir. Cuando se elige bien se toma la iniciativa en los hechos, por el contrario cuando ignoramos esta alternativa, nos convertimos en reactivos, personas que se ven afectadas por las circunstancias.

Según  Covey la elección correcta requiere autoconsciencia, voluntad independiente, imaginación y conciencia  moral.  La fuerza que motiva a los proactivos  está marcada por los valores. Esos pilares que le dan sentido a la vida, que hacen creer en las posibilidades de remontarse alto, esos que fueron enseñados y transmitidos por los primeros maestros en la infancia, los padres. La ausencia de ellos causa, caos, incertidumbre, desconfianza y fracaso.

Como dijo Nelson Mandela, quien luego de más de 20 años en una prisión entendió que si quería la libertad, debía empezar por sí mismo, perdonando y amando a sus carceleros. Siete años más tarde obtuvo su libertad, que la enseñó y practicó para hacer de Sudáfrica un país libre, llamando incluso a hacer parte de las transformaciones sociales de ese país africano a quienes sometieron durante años a su pueblo.

CURSO RÁPIDO DE FELICIDAD

Edward Pinilla
Científicos de la universidad de Wisconsin llevan varios años estudiando el cerebro del asesor personal del Dalai Lama dentro de un proyecto para determinar la influencia del cerebro en la felicidad. El monje budista ha sido sometido a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su mente fue conectada a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y otras sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban de - 0.3 (muy infeliz) a +0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard, asesor del Dalai Lama logró +0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título como –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. 

Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que el cerebro es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable, «la plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, es la cualidad fundamental de la mente humana.

De acuerdo a los estudios, uno mismo es el responsable de su felicidad e infelicidad. Nadie es culpable de su desgracia. En tal sentido usted y nadie más que usted es el responsable de su futuro. Lo único que se exige para empezar a notar los cambios, es cambiar el chip mental y empezar a ver las amenazas  como oportunidades para mejorar. Recuerde que sólo cuenta con 86.400 segundos para disfrutar, es eso lo que tiene de existencia en este día.

Los neurocientíficos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y alcanzar definitivamente.

Sobre la misma felicidad, la Universidad de Harvard, elaboró un curso rápido para aprender a desarrollar esta habilidad dentro de usted mismo y hacer de ella un hábito constante en su vida, sin importar los problemas o desilusiones que esté padeciendo.

De acuerdo al curso intensivo, se deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones: Práctica algún ejercicio, ojalá con una regularidad de 30 minutos por día, eso combate el estrés y  la tristeza. – Desayuna bien, eso te ayuda a dar energía y desempeño exitoso. – agradece todos los días por lo bueno, haz una lista de al menos 10 cosas que te causan felicidad. – Se asertivo, pide lo que quieras y di lo que piensas, pero hazlo con respeto. Está demostrado que ser asertivo ayuda a mejorar la autoestima. No decir nada y aguantar en silencio todo lo que te digan y hagan, genera tristeza y desesperanza.

-Gasta tu dinero en experiencias, no en cosas: Un estudio descubrió que el 75% de personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que sólo el 34% dijo sentirse más feliz cuando compraba cosas. – Enfrenta tus retos, no postergues para mañana lo que puedes hacer hoy. –Pega recuerdos bonitos, frases y fotos de tus seres queridos por todos lados. –Saluda siempre y se amable con toda persona que tengas enfrente. Sonríe. -Usa zapatos que te queden cómodos: “Si te duelen los pies te pones de malas” asegura el Dr. Keinth Wapner presidente de la Asociación Americana de Ortopedia. 

-Cuida tu postura, camina siempre recto con la mirada al frente, no abajo. –Escucha música agradable.Come bien. – Siéntete guapo o guapa, eso ayuda a mejorar tu estado de ánimo. –Disfruta lo que haces, cuando lo hagas hazlo bien. –No te distancies de tu creador.